Agárrate, que viene historia con olor a VHS recalentado.
La peña cree que Nick Furia apareció por primera vez en la escenita postcréditos de Iron Man (2008), en plan “hola, vengo a montarte los Vengadores”. Pues no, campeón: ya en 1998 le habían dado su propio circo… y menudo circo.

Protagonizada por el mítico David Hasselhoff —sí, el de El coche fantástico y Los vigilantes de la playa, el hombre que corría más en cámara lenta que un Windows 95 arrancando—, la cosa iba de un Furia veterano, retirado, con más mala leche que café sin azúcar. Está ahí tranquilo, en plan “no me rayéis”, hasta que S.H.I.E.L.D. le dice: “vuelve, que se acaba el mundo otra vez”.
Y él, pues vuelve. Porque si no hay drama, no hay peli. Se mete en una misión contra una organización terrorista que quiere liarla con un arma biológica de esas que huelen a guion de los 90: amenaza global, reloj en cuenta atrás y caras serias mirando pantallas con gráficos cutres. Fury lidera un equipo, se enfrenta a su pasado y pone cara de “estoy harto de todos vosotros” durante hora y pico.

¿El problema? Todo. Producción justita, estética caducada y esa fórmula noventera que hoy se ve más vieja que un módem de 56k. Resultado: críticas reguleras tirando a “apaga y vámonos” y la peli se fue al cajón del olvido más rápido que las coreografías de Baywatch.
Vamos, que durante al menos diez años, tanto la película como el personaje en cine quedaron más perdidos que un disquete en 2020… hasta que Marvel dijo: “vale, ahora sí vamos a hacerlo bien”. Y ya sabes cómo acabó eso.
¿crees que David intentó salvar la película o ya venía perdida de serie?
