Descripción
Trata sobre John Matrix, un señor que parece haber desayunado cemento armado y cuyo pasatiempo favorito es cargar troncos gigantes mientras su hija le sonríe como si eso fuera una actividad familiar normal. Todo va “bien” hasta que unos mercenarios secuestran a la niña porque claramente en los 80 la seguridad infantil consistía en cerrar la puerta con llave y rezar. Entonces Matrix hace lo que cualquier padre responsable haría: ponerse chaleco, coger veinte armas distintas y convertir cada habitación en una demolición certificada. La policía intenta ayudar, pero el hombre va tan dopado de testosterona cinematográfica que básicamente usa a los coches como si fueran latas vacías.
La película entera es Arnold Schwarzenegger caminando lentamente mientras alrededor mueren más villanos que soldados en un videojuego en dificultad fácil. Hay explosiones absurdas, frases que deberían estar prohibidas por delitos contra la lógica y enemigos que ven venir a un armario austríaco de dos metros con una ametralladora… pero deciden acercarse igualmente. Y el mejor resumen posible de la experiencia es este chiste: Arnold fue a un psicólogo porque tenía un problema grave. El médico le preguntó: “¿Tiene pensamientos suicidas?”. Y Arnold respondió: “No… pensamientos homicidas. Los suicidas son los otros”.







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